Nuestras teorías de manejo de la economía, cuando han existido, han oscilado entre dos posiciones contrapuestas bastante simplistas. La primera ha sido abrir la puerta, en las condiciones más favorables posibles, a cualquier tipo de actor externo que quiera traer recursos al país bajo sus propias condiciones. La historia nos demuestra que esto ha incluido explotaciones mineras, bananeras y otras que lograron enraizarse por lo menos parcialmente en el país, pero también muchas otras de carácter marcadamente extractivista y de muy corto plazo, como algunas explotaciones madereras y similares.
Esta posición es contrapuesta a otra que mira con suspicacia la inversión o los recursos que vienen de fuera, asumiendo que inevitablemente llegan con el fin de dañar o afectar al país. La verdad es que ambas posiciones, como cualquier modelo simplificado, resultan insuficientes y requieren ser matizadas. Más importante aún, deben ser analizadas desde la óptica de nuestra propia conveniencia nacional.
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